El chamamé argentino perdió a uno de sus máximos exponentes: Raúl Barboza. A los 87 años, el acordeonista, compositor y embajador cultural falleció en París, ciudad que lo acogió en 1987 tras una exitosa carrera en Argentina. Su partida deja un vacío irremplazable en la música litoraleña, pero también un legado imborrable que trasciende fronteras y generaciones.
Raúl Barboza nació el 22 de junio de 1938 en Buenos Aires, aunque su familia era originaria de Corrientes. Criado en un ambiente musical, su padre, Adolfo Barboza, pionero del chamamé en Buenos Aires, le regaló su primer acordeón a los seis años. Con una destreza y virtuosismo excepcionales, fue apodado “Raulito El Mago”. A tan corta edad, ya realizaba presentaciones junto al trío de su padre y grabó para el sello Víctor con el Conjunto Correntino Irupe. Su talento precoz lo llevó a destacarse en el ambiente chamamesero, siendo considerado un niño prodigio.
El querido músico estaba radicado en Francia desde 1987, pero volvía en forma recurrente a la Argentina para presentarse en vivo. Fue reconocido como Doctor Honoris Causa por la UNNE en 2024.





