«Una ciudad también necesita verse»

Por Pablo Marcosich

Hoy es el Día del Trabajador de la Televisión.
Y quizás sea una buena oportunidad para pensar qué significa tener un canal de televisión en una ciudad pequeña.
Porque en las grandes ciudades la televisión puede parecer simplemente un medio de comunicación.


Pero en una comunidad como la nuestra es algo más. Es memoria. Es cercanía. Es identidad.
Un canal local es ese lugar donde aparece el vecino que conocemos. La escuela de nuestros hijos. El club del barrio. El deportista que consiguió una medalla y quizás nunca llegará a una pantalla nacional. El artista que necesita un escenario. La institución que trabaja silenciosamente. El comerciante que todos los días levanta su persiana. El jubilado que tiene una historia para contar. La fiesta de nuestro pueblo. Nuestros problemas. Nuestros sueños. Nuestra gente.


Porque una televisión local tiene una enorme responsabilidad: hacer visible aquello que para los grandes medios muchas veces resulta invisible. Y eso tiene un valor inmenso.
Una ciudad también necesita verse
Necesitamos reconocernos.


Saber qué está pasando a pocas cuadras de nuestra casa.
Conocer a quienes hacen cosas importantes sin buscar notoriedad.
Escuchar distintas voces.


Guardar imágenes que dentro de veinte o treinta años serán parte de nuestra memoria colectiva.
Porque pensemos por un instante en algo: ¿Cuántos acontecimientos de nuestra historia reciente conocemos hoy porque alguna vez hubo una cámara encendida?
Una fiesta.
Una entrevista.
Una inauguración.
Una escuela cumpliendo años.
Un personaje querido que ya no está.
Una calle que cambió.
Un paisaje que desapareció.


Personas que quizás hoy podemos volver a escuchar solamente porque alguien tuvo la decisión de grabarlas.
Entonces comprendemos que un canal local no solamente cuenta el presente.


También está construyendo el archivo de la memoria de una comunidad. Y detrás de esa pantalla hay personas
Hay camarógrafos. Técnicos. Editores. Productores. Periodistas. Conductores. Administrativos.


Personas que instalan un cable, preparan una luz, revisan un sonido o llegan antes que todos para que cuando se encienda la pantalla todo funcione.


Muchas veces el televidente solamente ve el resultado. Pero detrás de cada minuto al aire hay trabajo, compromiso y vocación.
Por eso hoy debemos reconocer a quienes están delante de cámara y, especialmente, a quienes trabajan detrás de ella. A los que estuvieron antes. A quienes están hoy. Y a quienes hicieron posible que nuestra ciudad pudiera tener una televisión propia.


Porque trabajar en un medio local también significa asumir un compromiso con el lugar donde vivimos. Contar sus alegrías sin exagerarlas. Mostrar sus problemas sin aprovecharse de ellos. Preguntar cuando hay que preguntar. Escuchar cuando hay que escuchar. Y comprender que del otro lado de la cámara no hay solamente una audiencia:
hay vecinos.


Quizás esa sea la verdadera grandeza de una televisión en una ciudad pequeña. No necesitar millones de espectadores para sentirse importante. Porque a veces alcanza con que una familia pueda ver a su hijo en un acto escolar. Con que un artista tenga por primera vez la posibilidad de mostrar lo que hace. Con que una institución pueda contar lo que necesita. Con que un vecino encuentre un lugar donde su voz sea escuchada.


La televisión local no solamente transmite imágenes. Transmite pertenencia.
Y mientras exista una cámara dispuesta a mirar nuestra gente, nuestras calles, nuestros problemas, nuestras alegrías y nuestros sueños, habrá una comunidad que podrá seguir contando su propia historia.


Feliz día a todos los trabajadores de la televisión.


Y gracias a quienes, cada día, hacen posible algo maravilloso: que una ciudad pueda mirarse en una pantalla y reconocerse en ella.

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